Carta de la FUNDACIÓN FAMILIA al señor Presidente del C.O.N.F.E.R. Alejandro Fernández Barrajón:
 

En nombre y representación de las entidades que suscriben la presente, nos dirigimos a Ud. para efectuar las siguientes consideraciones:

 

a)      Es un hecho público y notorio que hoy en día la televisión a través de algunos canales conocidos, que ni siquiera es necesario individualizar porque toda la población los conoce, se han convertido en medios de difusión y exaltación casi permanente, de programas absolutamente eróticos que en forma desfachatada exaltan la pornografía y la procacidad, llegando a simular hasta actividades sexuales explícitas, con prescindencia de todo límite natural que imponen la moral y las buenas costumbres, que se encuentran amparadas por la propia Constitución Nacional (art.19 ).

 

b)      Tales programas  permanecen en la grilla  por razones exclusivamente económicas  y el éxito del que hacen gala  no es sino a costa  de la bajeza que exhiben y del directo desafío (disfrazado de "ingenuas" chanzas ) a una cultura media de la inmensa mayoría de la población, harta de ver como los valores fundamentales que hacen a la convivencia social y especialmente familiar,  se ven menoscabados o ridiculizados en un clima de jolgorio rayano en lo prostibulario.

 

c)      Implica una claudicación de la autoridad  pública  pretender reprimir tales excesos con multas  insignificantes carentes de toda eficacia, excesos que, como es lógico, frustran todo intento de educar a la juventud a través de estimular una conciencia sana, inculcándoles hábitos de esfuerzo, sacrificio, generosidad, respeto al prójimo, etc.. En una palabra, todo el ingente presupuesto que el Estado gasta  para procurar educar, se desvanece ante los afanes lucrativos de las empresas que desvirtúan  esos propósitos.

 

d)      Desde hace unos años a esta parte se acentúa la temática de la homosexualidad como  un "derecho humano"  que se pretende instalar en la sociedad  con carta de reconocimiento de  una existencia pública merecedora de una regulación legislativa . Pero la práctica de la  sexualidad  que en los animales se encuentra regulada por el instinto, en el hombre (varón y mujer) responde a una actividad reflexiva en la que concurren  la libertad y la responsabilidad. Salirse de ese esquema solo puede tolerarse en el ámbito de las actividades privadas de las personas (art.l9 Cont. Nacional), pero  es inadmisible  que ese tipo de actividad  sea publicitada y reconocida por el Estado para generar derechos recíprocos entre quienes la practican.

 

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