HACE UN AÑO, LA MAYOR QUIEBRA EN LA HISTORIA DE EE.UU. DEJABA AL MUNDO A UN PASO DE OTRA DEPRESIÓN
El shock fue masivo y el efecto en cadena, devastador. La hecatombe trajo extrañas reminiscencias del 2001 para los argentinos. Hoy preocupa que los monstruos del sistema lleven tatuado en el pecho “demasiado grandes para caer”. Y nadie parezca estar dispuesto a hacer mucho al respecto

“Me acuerdo de haberle dicho a mi esposa que fuera a sacar dinero del cajero antes del fin de semana. Ella no entendió y me preguntó por qué. No sé si los bancos van a abrir el lunes, le dije”. Puestos a adivinar, cualquier argentino que haya vivido la crisis del 2001 no lo pensaría dos veces. Un esposo se ve venir el corralito, no sabe qué hacer, le pide a su mujer que se haga de efectivo como si atravesar el fin de semana fuera una proeza financiera de anticipación y pesimismo.

Pero no. La escena no transcurre en Villa Crespo. Ni el marido es un porteño atrapado en la paranoia de perder sus ahorros… otra vez. La cita es de Mohamed El-Erian, el CEO Pacific Investment Management y el administrador del fondo de bonos más grande del mundo. Se lo dijo a Bloomberg mientras recordaba cómo habían sido esos días confusos de septiembre de 2008 en los que Wall Street parecía un castillo de cartas ubicado en plena corriente de aire. Hablaba de EE.UU.

Para un argentino doctorado en incertidumbre, quizás ésta sea la mejor forma de entender qué significó lo que hoy se recuerda como “el colapso de Lehman” y que supone mucho más que la quiebra de un banco. La caída –y el fulminante efecto en cadena– barrió con certezas que no se veían seriamente amenazadas desde los años treinta, cuando la Gran Depresión también dejó a una generación dudando de lo incuestionable. Si tendrían trabajo, si podrían pagar la hipoteca, si sus ahorros estaban a salvo. Un año más tarde, la economía de EE.UU. ya salió oficialmente del pozo. No hubo otra Gran Depresión. Esta será para la historia apenas la Gran Recesión de 2008.

“Quizás la principal diferencia con otras crisis es que la globalización financiera de las últimas décadas hizo que los activos tóxicos creados acá en EE.UU. se diseminaran a todo el mundo, con lo cual tuvimos una ola de pánico a nivel mundial”, le dijo a El Cronista Richard Sylla, historiador de la Stern School of Business de la Universidad de Nueva York. “La quiebra de Lehman fue un evento desastroso porque nadie lo esperaba. El salvataje de Bear Stearns había convencido a muchos de que no ocurriría. Pero sí ocurrió y el shock hizo que todos salieran corriendo a las salidas de emergencia”, agrega.

Pero aunque el trauma haya sido masivo, las cosas no cambiaron demasiado. Los monstruos del sistema, ésos que representan un riesgo sistémico demasiado grande como para dejarlos quebrar, siguen ganando músculo. Cuatro bancos, Bank of America, JPMorgan, Citigroup y Wells Fargo (que compró al Wachovia), concentran hoy 46% de los activos bancarios de EE.UU. contra 37,7% hace un año.
“Después de un shock como éste, uno pensaría que habría una reforma radical. Pero no. Pese a que se habló mucho a ambos lados del Atlántico sobre una nueva regulación financiera, lo más probable es que la mayor falla no se corrija. Por el contrario, las medidas de emergencia la agravaron. Esa falla puede resumirse en una expresión: bancos demasiado grandes para quebrar. Mientras que existan, el sistema financiero internacional no será otra cosa que una parodia de un verdadero mercado libre. Será más bien un gran casino, manejado en favor de un puñado de multimillonarios”, aseguró Niall Ferguson, historiador de Harvard. Barry Eichengreen, profesor de economía de la Universidad de California en Berkeley, comparte. “No veo ninguna pista de un intento por fraccionar a los grandes bancos. Por el contrario, se están volviendo cada vez más grandes. No veo ningún progreso en el diseño de un régimen especial que permita vislumbrar una tercer vía que no sea el rescate o la quiebra a lo Lehman” le dijo a El Cronista,

Hoy, con la bolsa más de un 50% arriba de sus mínimos y la aversión al riesgo de los inversores de vuelta en los niveles pre-Lehman, la vida continúa. Los argentinos siempre lo supieron.

Fuente: http://www.cronista.com