Por JULIE JARNO

Este ensayo trata, como lo indica su título del horror económico. El autor empieza por hablarnos de esos miles de destinos destruidos por el sistema económico actual, es decir del destino de los pobres. Nos habla de los excluidos de la sociedad. ¿Por qué existen y por qué razón están marginalizados? ¿Qué quiere decirnos el autor? Aquí vamos a explicar lo que es el desempleo, porqué existe y cuáles son las soluciones para enfrentarlo.

La ensayista nos aclara en los primeros capítulos que la gran mayoría de los seres humanos están encerrados en un paradigma que ya no existe: el mercado del trabajo. La población no se da cuenta de la casi inexistencia del trabajo, está ciega por culpa de los pocos ricos, quienes manipulan a las masas. Viviane Forrester define al trabajo como un mito, como algo que ya no existe más, pero al cual la gente se aferra.

¿Por qué?

La actividad laboral es el cimiento de la civilización occidental. Es vital. Sirve para llenar el espacio. Al día de hoy, nos es indispensable para ganarnos el derecho de vivir. Es una de las muy pocas maneras que tenemos para demostrar nuestra utilidad, es nuestra defensa, por eso nos aferramos tanto a ella, cuando inconscientemente sabemos que ya no existe y que en poco tiempo desaparecerá por completo. Para decirlo de otra forma, alguien útil es alguien que es rentable, “empleable” o mejor dicho explotable. Pero, cuando no hay oferta de trabajo, ¿cómo puede uno cumplir con esa “obligación”?. Es cuestión de una inserción social que es imposible. Desafortunadamente, la labor y la economía son dos conceptos que ya no están a nuestro alcance y si no hay más promesas de empleo es porque casi no se hacen transacciones reales, con cosas concretas. En vez de eso, son “especulaciones de especulaciones.” No hay producción sin apuestas. Y eso da lugar a un mercado totalmente “artificial, acrobático, […] ilusorio, basado en simulacros […] e invisible” que no requiere mano de obra o muy poca.

Si uno enciende la televisión o lee los periódicos o sale por la calle, se da cuenta de la pobreza, de la miseria. Se entera del sufrimiento humano. Contamos con millones de destinos destruidos, aniquilados en nombre de las ganancias. Las privaciones sufridas debilitan y marginalizan a las víctimas del desempleo, quien es el actor principal de la fractura social. Dice el autor que hay “multitudes abandonadas en otros continentes, poblaciones enteras libradas al hambre, las epidemias y todas las formas de genocidio […] dominadas por los potentados aceptados y sostenidos por las grandes potencias”. Todos tenemos consciencia de esos acontecimientos, pero los poderosos de este mundo son muy inteligentes y recuren a medios inalcanzables para el común de la población mundial.

¿Pero quiénes son los responsables?

 

Los políticos y los gobiernos de nuestra época toman decisiones a favor de las empresas. Es decir que favorecen más el ámbito económico que el social. Aparentemente, se movilizan en torno a los conceptos de “trabajo” y “desempleo” pero en realidad, fingen, haciéndolo únicamente porque la masa representa potenciales electores. El estado es un instrumento que beneficia al mundo empresarial. No tiene ninguna autoridad, toda la tiene el poder (los muy pocos, muy ricos que nos manipulan.) Puesto que la deuda estatal está en manos de las multinacionales, el gobierno no tiene otra solución que obedecer y favorecerlas, lo que confiere a esas transnacionales una libertad de acción ilimitada. Para contentar sus electores, el gobierno hace promesas muy recurrentes: la creación de puestos de trabajo (o la desinflación, el aumento de sueldos), pero en vez de eso hay cada vez más despidos y menor poder adquisitivo y por lo tanto menos libertad individual. Dan la impresión que el sistema está funcionando cuando está obsoleto y manipulan a la opinión pública haciendo uso de términos suaves tales como: “mercado libre”, “planes sociales”, “estado providencial”. Por eso que seguimos creyendo en un mercado del trabajo.

Como hemos dicho, el poder no está en mano de los gobiernos, como muchos lo piensan pero si en manos de esos “manipuladores de símbolos”. Ellos son un número limitado de personas poderosas quienes no necesitan de los demás y por lo tanto los despiden. Por esta razón existe el desempleo, pues no hay necesidad de mano de obra. En el sistema actual, las empresas no necesitan tener empleados entonces no los contratan o los despiden. Las industrias, quienes más se benefician de ayudas del estado son las quienes más despiden. Sabemos muy bien que estas compañías, generan mucha riqueza. Pero en vez de ser solidarias con sus trabajadores, en vez de redistribuir estas ganancias, las invierten. Su ventaja (que no es despreciable) es que ellas a diferencia de los gobiernos y de los políticos, no tienen que ganarse al electorado. Por esta razón, podemos entender y explicar el fenómeno llamado deslocalización, que quita el trabajo a mucha gente. Esta práctica demuestra muy bien el carácter anti-social de las multinacionales. Prefieren generar menos costos que dejarle su empleo al trabajador. Como dice el autor, “gobiernan la economía mundializada por encima de las fronteras y de los gobiernos”, sin tener la menor ética ni sentimientos. Pero ¿cómo pudimos llegar a tal punto? Simplemente porque este régimen nunca ha sido proclamado cuando por supuesto tiene todas las “claves de la economía reducida por él al mundo de los negocios”.

Las muy famosas e impopulares organizaciones internacionales como el FMI, OCDE, BM, están a las órdenes de esas empresas internacionales y hacen todo para propiciarles beneficios. El mundo empresarial casi no encuentra obstáculos. Los pocos que encuentra vienen de sus pares. Pero los conceptos de competitividad existen únicamente en este círculo de gente poderosa. Eso no les agita porque es un “conjunto de alianzas dentro del mismo programa, una voluntad común”. El objetivo compartido de las firmas y de las instituciones internacionales es “la rentabilidad; todo y todos estamos sacrificados por la rentabilidad.” Por eso, vivimos en un mundo en el cual la economía es organizada de forma oligarca y monopólica.

El gobierno quiere hacernos creer que hay una crisis global pero en realidad, no se trata de eso, sino de una mutación de toda la civilización. Nos engañan con esta supuesta recesión para asustarnos y manipularnos con más facilidad.

Analizamos más en detalle el fenómeno del desempleo. Está en constante aumento y está ocultado en el sentido que sigue siendo un requisito para que alguien pueda ser aceptado dentro de una comunidad, pero no existe. Suprimen más empleos que los que crean. La desocupación no es transitoria, es permanente y general, abarca todos los sectores. Se finge que es una pasada pero no lo es. Es un término que ya no está vigente pero que sigue siendo utilizado.

Ahora bien ¿qué es de los desempleados? ¿Cómo se sienten? ¿Cuál es su futuro? Se los trata como a unos marginales “buscadores de empleo” y ellos mismos terminan sintiéndose indignos de ser parte de la sociedad. Por eso están dispuestos a aceptar cualquier trabajo a cualquier condición (se dejan explotar, venden sus órganos, sus cuerpos…)

Uno esta despedido por razón “económica” y tiene la obligación de buscar otra ocupación menos remunerada o igual pero casi siempre precaria y en la cual deberá otra vez iniciar desde cero e integrarse en un nuevo ámbito laboral. ¡Si es que lo encuentra!

Por otro lado, es imposible dedicar las horas de desocupación a cualquier cosa ya que todo tiene precio (¿cómo llevar los niños al circo si uno no tiene recursos para pagar la entrada?) y porque existen leyes que impiden al no-trabajador a dedicarse a obras caritativas o de beneficencia. Entonces uno pierde el sentido de vivir, es excluido, reducido a cero. Después de un tiempo, no tiene más recursos para pagar renta o luz y pasa del estatuto de excluido al de expulsado. Empieza a sentir vergüenza, cosa muy buena para los dirigentes porque este sentimiento les permite imponer leyes sin que nadie diga nada, sin que haya ninguna resistencia. Al poder le conviene recurrir a la humillación. Así, paulatinamente, se llega a un momento en el cual la vida del desempleado no es legítima, sino que es intolerable porque no aporta ganancia ninguna.

Hay que tener en cuenta a los que siguen trabajando (a veces con empleos muy precarios y posiblemente terminarán desempleados) o a los que tienen una vida confortable pero temen cualquier tipo de agitación; ellos no están dispuestos a arriesgar sus privilegios (eso nos recuerda los problemas en la edad media, de la nobleza y el clero). La persona activa sin siquiera saberlo es cómplice silencioso de la expansión empresarial en detrimento de las vidas humanas.

Se hizo una revolución silenciosa que no tiene ideología ninguna sino la de ganar dinero. Y de ser callada, ha prevenido y ha paralizado todas las reacciones que hubieran podido perjudicarla. Es la era del liberalismo, un régimen “totalitario pero incluido en la democracia”. Asistimos al auge de naciones en expansión, tan ricas como antes sino más, pero que sufrieron una transformación en la repartición de las riquezas. Así, podemos afirmar que la riqueza de un país no garantiza su prosperidad. El nuevo panorama mundial es visible, pero no somos conscientes de ello. Se observa la mundialización del desempleo, de la miseria y del hambre.

La finalidad de todo este proceso es volver escaso al trabajo, casi inexistente pero sin cambiar las condiciones de inserción social, creando más marginalización y más pobreza. Nos están preparando a ser una sociedad de esclavos encerrados en un sistema que no funciona más y del cual quedan solo restos. De esta forma, nos inmovilizan en lugares marcados. Su objetivo principal es de hacernos consumir aunque no tengamos los recursos para hacerlo, suscitar el deseo, la necesidad que nunca se satisface. Es urgente darse cuenta que los excluidos de hoy podrían representar el futuro de todas las sociedades actuales.

¿Cómo podríamos nosotros actuar dentro de este panorama y frente a gente tan lista y tan maquiavélica?

Pues más que todo, es necesario llevar a cabo una verificación fría, exacta y sistemática de toda la información que se nos proporciona. Tenemos que identificar esas personas que se ocultan detrás de compañías internacionales porque el peligro crece con el anonimato. Si nos quedamos indiferentes, terminaremos explotados más de lo que somos hoy. Como dice Dietrich Schwanitz en La cultura: todo lo que hay que saber, el libro Mein Kampf de Adolf Hitler es “el único libro cuya repercusión se debió precisamente al hecho de haber pasado inadvertido” p 520). Debemos identificar el verdadero problema y descartar la idea de que no hay soluciones. No podemos dejarnos engañar por los problemas falsos a los cuales recurren los gobiernos para desviarnos de la cuestión real. (¿Gripe porcina?). Hay que denunciar los asuntos que se ocultaron de modo intencional, analizarlos y remediarlos. Haciendo eso, nos daremos cuenta que nunca remontemos hasta la globalización. Nunca la vemos como culpable de los problemas actuales. “Se pone en tela de juico los efectos segundarios de la globalización” pero nunca ella misma. Otra solución muy eficaz, es la de seguir estudiando, cultivándose, leyendo. Sabiendo que el conocimiento es algo político. Los dirigentes del mundo hacen de todo para que se duerma nuestra conciencia y nuestro amor al saber. Hacen lo posible para transformarnos en una masa sin ideas, sin ideales y sin recursos intelectuales con los cuales defendernos. Solo basta ver cuántas personas tienen estudios básicos en el mundo y a la vez cuántos tienen terminada su educación superior. ¿Muy pocos verdad? Esa es la ventaja de esos ricos invisibles. Tienen por enemigos a gente que no estudio, que no sabe pensar (si saben que pensar pero no como pensar). Leer nos permite cultivarnos y por lo tanto nos da las herramientas para comprender y descifrar los símbolos de nuestro entorno y gracias a eso defendernos.

Otro punto fundamental, hay que hacer consciente es que nuestra sociedad es “superflua e implícitamente indeseable”. Así podremos cambiar el esquema. No buscaremos empleo (porque no lo hay) pero daremos a nuestra vida una utilidad pública de la cual esos gigantes no podrán prescindir. Tenemos que cambiar esa costumbre tan humana que es la de huir, debemos enfrentar los problemas, resistir para descubrir en qué contexto funcional estamos enraizados.

(Este trabajo es de una amiga quien lo presentó en una clase en una universidad de México)

…si el gobierno es del pueblo, ¿porque estamos así?…